
Existe el temor de mostrarse a uno mismo, de ser y reafirmarse, de salir a la vida y decir este soy yo, tal cual y nada más. No queremos equivocarnos, ansiamos ser perfectos a la primera y por esto postergamos o alargamos nuestros procesos. Le tememos a la crítica y a no ser aceptados, eso nos enfrasca en un individualismos absurdo, donde cada uno crea un sub mundo y cree tener poder en su pequeña creación, poder para compartirla o dejar entrar a quien ellos quieran y mostrarse hasta el punto que les de la gana. El verdadero poder es enfrentarse a la vida desnudo, descarnado y confiado, entregarnos a esta corriente que fluye aveces calmada, aveces rápida, a ratos silenciosa otras estrenduosa, turbia o clara con vertiginosas cascadas y amplios recodos, así fluye, avanza, se transforma y trasciende.
Los errores no son desaciertos sino intentos o más bien vida en acción, son proceso. Si no empezamos ha hacer, si no emprendemos y "erramos" el conocimiento nunca tendrá vida, será futil y no existirá el aprendizaje real y por eso mismo tampoco la final realización.
"La perfección es la suma de los errores"